
Un puñal se clavó en mi pecho y lo logré arrancar.
Hiel cayó en la herida y la logré sanar.
Con fuego quemaste mis labios y cicatrices quedarán.
Hoy los recuerdos me invaden la cabeza y me hacen preguntar:
¿Habrá valido la pena quererte y pecar?
Hoy el viento se lleva las imágenes de nuestra vida juntos a la profundidad de la mar.
Y allá abajo nadaran con los peces, los delfines y las estrellas de mar.
Serán felices, pero junto a las aguas de los mares poco tiempo duraran. El océano es mi aliado y, al igual que hizo con tu sonrisa, con su sal las diluirá.
Tu imagen en mi mente se ve difusa y tu voz ya no me hace llorar.
En las noches me acuesto tranquilo pues ya no te he de pensar.
Me levantó con tu recuerdo y el sol lo hace callar.
Mis días sin ti y contigo son una cruz a medias.
Cargarla cada vez es mejor. Sus estillas ya no me arañan, ya soy todo un campeón.
La cima se ve lontana, el sendero rocoso; idéntico a nuestro amor.
La lluvia es acido en mi piel que se lleva los últimos rastros de tus besos,
de tus caricias y de tu olor.
La madera se pudre, las gotas se evaporan, el fuego se apaga
y poco a poco se olvida el recuerdo de tu mirada.

